«Zonas sin agua ni luz, elegir entre calefacción o comida, miseria, desahucios… España falla a los más vulnerables»

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«A veces me acuesto sin cenar y el estómago hace glú, glú, glú. Bebo un poco de agua y así echo algo en la tripa. Y pienso: ‘¿Mañana comeré?’. Mira, yo sé lo que es el hambre. Pero también sé que durmiendo se pasa». Lo decía Benita a EL MUNDO hace unos años junto a los neumáticos apilados de su furgoneta/casa en Las Barranquillas, un poblado marginal en el este de Madrid, a 20 minutos en coche del Congreso de los Diputados. Hoy, un lustro después, las chabolas y el Hemiciclo siguen ahí como si casi nada hubiera cambiado.

Algo de eso ha venido a denunciar este viernes el Relator de la ONU para la Pobreza Extrema y los Derechos Humanos tras dos semanas de visita por las zonas más castigadas de España. «A pesar de que España está prosperando económicamente, demasiadas personas siguen pasando apuros. Me he quedado pasmado al ver que los recolectores de fresa en Huelva viven como animales (…) Muchas familias tienen que elegir entre tener calefacción o comida (…) Hay lugares con peores condiciones que un campo de refugiados, sin agua corriente y electricidad».

Se llama Philip Alston y ha firmado un resumen drástico de lo que ha visto durante 10 días en seis comunidades autónomas. «He estado muchas veces de visita en España y he sido testigo de la prosperidad, pero esta vez he visto la otra cara, una España que es el hogar de un gran porcentaje de personas que están viviendo al borde de sus posibilidades. He oído relatos de gran miseria. España está fallando a los más vulnerables y no se toma en serio los derechos sociales». El Relator ha incidido especialmente en algunos focos: trabajadores migrantes en el sur, comunidades gitanas, personas con discapacidad y familias desahuciadas.

Él pone los adjetivos: «En algunos lugares, los gitanos son tratados como descartados». «Los menores migrantes no acompañados son un colectivo desesperado que sigue siendo sometido a la barbarie de una prueba genital para evaluar su edad». «Muchas trabajadoras domésticas se ven sometidas a explotación». «Los españoles que no tienen acceso a pensiones contributivas lo están pasando muy mal». «Hay una crisis de vivienda de proporciones inquietantes»…

Rentas mínimas

Las organizaciones sociales y estatales ponen los datos: España cuenta con 1.013.200 hogares en los que todos sus miembros activos están en paro (Encuesta de Población Activa). Las Rentas Mínimas de Inserción autonómicas dejan fuera al 92% de quienes se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, ya que no tienen en cuenta fenómenos nuevos como el de los ‘trabajadores pobres’ (Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales). Cuatro de cada 10 personas con discapacidad están fuera de los servicios de salud, el 16% está en situación de exclusión severa y el 17% no puede comprar medicamentos (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad). El 26,1% de la población en España está en riesgo de pobreza o exclusión social, un 36% no puede afrontar un gasto imprevisto y cerca de un millón y medio de personas no puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días (Instituto Nacional de Estadística).

El lacerante repaso del Relator de Naciones Unidas ha incluido críticas al «gran porcentaje de desempleo», los «altos niveles de violencia de género» y la «decimonónica burocracia», que implica «listas infinitas de documentos sin preocupación por los plazos y las consecuencias». Philip Alston, que dice confiar en los «proyectos contra la pobreza» del Gobierno PSOE-Podemos, culpa de esta situación a la política acometida en España durante la última década. Aun así, elogia dos aspectos de la maquinaria estatal española: la «joya» del sistema de salud y el «buen nivel» de las pensiones. El Relator de la ONU concluye con varias recomendaciones al Gobierno: aplicar una renta mínima nacional, hacer una reforma fiscal redistributiva, impulsar la vivienda social y limitar el precio de los alquileres en las grandes ciudades.

 

                                                                                                                Publicado en el periódico El Mundo (Autor: Rafael J. Álvarez)