Formación y Espiritualidad

La formación en Cáritas es parte fundamental del ser, el hacer y el saber hacer de Cáritas; está orientada a facilitar y profundizar en su identidad, por lo que es necesario destacar su importancia para la acción transformadora que Cáritas está llamada a realizar en la vida de las personas y en la misma sociedad.

Benedicto XVI, en la encíclica Deus caritas est, habla del perfil específico de los que ejercen el servicio de la actividad caritativa en la Iglesia y afirma que «Las organizaciones caritativas de la Iglesia, comenzando por Cáritas (diocesana, nacional, internacional), han de hacer lo posible para poner a disposición los medios necesarios y, sobre todo, los hombres y mujeres que desempeñan estos cometidos. Por lo que se refiere al servicio que se ofrece a los que sufren, es preciso que sean competentes profesionalmente: quienes prestan ayuda han de ser formados de manera que sepan hacer lo más apropiado y de la manera más adecuada». Y continúa: «Cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limitarse a realizar con destreza lo más conveniente en cada momento, sino por su dedicación al otro con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad. Dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una “formación del corazón”».

Baste esta referencia para dejar constancia de la importancia que la formación tiene en Cáritas como configuradora de su ser y de su hacer en el servicio caritativo-social, que le pertenece por vocación y misión. Una importancia tal que nos tiene que llevar a prestarle una dedicación prioritaria y a no escatimar en ella recursos y medios.

El plan de formación de Cáritas pide una atención específica y un acompañamiento de todos los miembros activos de Cáritas diocesana; es decir, de los voluntarios, los técnicos y los directivos. Así, la propuesta que ofrecemos pretende concretar los principios y fundamentos de toda la acción caritativa y social de la Iglesia, mediante unas sugerencias y unas líneas de acción que se puedan adaptar a las diversas situaciones y circunstancias.

Los elementos más importantes de esta metodología son los siguientes:

  1. Mirar atentamente hacia la realidad de cada día para observar los retos y los signos de esperanza presentes en los pequeños acontecimientos diarios.
  2. Hacer un discernimiento evangélico de estos retos y signos de esperanza, para formular los principios y criterios de la acción de Cáritas.
  3. Elaborar unas líneas de acción que concreten los principios y criterios en unos proyectos operativos y verificar en la práctica las mismas, valorando periódicamente los resultados.

A partir de ello, nuestras opciones respecto a la formación suponen vivirla como proceso, con el acompañamiento y la animación como opción metodológica primera.

 

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