“Un 40% más de personas se han visto obligadas a vivir en la calle por la crisis del coronavirus”

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La crisis del coronavirus tiene gravísimos efectos tanto desde el punto de vista sanitario como económico y social, más si cabe en Canarias, que según el informe Foessa tenía el 29,1% de la población en riesgo de exclusión social severa. Desde diversas Organizaciones e instituciones del Tercer Sector se trabaja para dar respuesta a todos los integrantes de nuestra sociedad que están en apuros. Entre ellos Cáritas Diocesana de Tenerife realiza la acción social de la Iglesia y se ocupa de atender a los más necesitados y vulnerables gracias a las contribuciones de la comunidad cristiana. Su director, Juan Rognoni Escario, valora el impactante estudio presentado recientemente sobre el sinhogarismo en Tenerife, una exclusión residencial que afecta a más de 2.100 personas.

-El informe presenta una realidad desgarradora sobre las personas sin hogar en Tenerife. ¿Le ha sorprendido estos datos?
“Es el primer informe que se hace sobre esta situación y es un diagnóstico de una realidad completamente invisible, una realidad que parecía que estaba centralizada en Santa Cruz, con el albergue y otros recursos de atención, y sabíamos de casos en La Laguna o en otros lugares de Sur, sobre todo porque había actividad turística y allí tenían su pequeña forma de vida y subsistencia, con la venta de productos por las calles o pidiendo, pero había otra serie de realidades que estaban ocultas en otros municipios. El trabajo realizado por los diferentes recursos especializados de Cáritas, el Albergue del Ayuntamiento de Santa Cruz, el Programa de Atención de Cruz Roja en La Laguna, ayuntamientos y personas que realizan un trabajo de atención en calle, con la colaboración del Cabildo de Tenerife, nos permitió llegar a toda la Isla en una tarea de investigación y descubrimiento de asentamientos desconocidos y poniendo de manifiesto una realidad que estaba oculta. Como dice el informe son 1.784 personas localizadas al cierre de 2020, porque en este primer trimestre de 2021 ya tenemos al menos 385 casos nuevos que hay que sumar, es decir más de 2.100 personas”.

-¿Qué circunstancias llevan a una persona a dormir en espacios al aire libre, el interior de un cajero, una chabola, una cueva, ocupando una vivienda o edificio abandonado, o en un coche?
“La situación y la casuística es muy variopinta. Los problemas económicos están en primer lugar, seguidos por la carencia de una red de apoyo (familias y amigos) que le ayuden, las adicciones, los problemas para poder acceder a una vivienda o los problemas de salud, así como la violencia de género e intrafamiliar. También aumentan los casos de personas en situación administrativa irregular, como inmigrantes. Son muchas causas las que pueden llevar a las personas a esta situación de precariedad”.

-Nuestra percepción nos hacía creer que la mayoría son personas con una edad avanzada, pero también vemos jóvenes e incluso menores de edad.
“En cuanto a la edad, el grupo más numeroso está entre los 46 y los 55 años. Además, también hay parejas y familias monomarentales con hijos. Se han identificado al menos 78 menores de edad que viven con sus madres, padres o tutores. Normalmente, son madres con hijos con antecedentes de violencia de género, sin ingresos o con rentas muy pequeñas”.

-¿Qué efecto ha tenido la pandemia en el aumento de casos de personas sinhogar?
“El 60% de los afectados que están en esta situación de exclusión residencial extrema llevan más de un año sin hogar y en el 33,7% de los casos, la persona lleva más de tres años así. Incluso hay un pequeño porcentaje de personas que han optado por querer vivir así. Se podría decir que el 40% se ha visto obligado a vivir de esta manera por la crisis del coronavirus que ha incrementado la pobreza y la exclusión, porque hay muchas personas que antes de la pandemia estaban realizando una actividad en la economía sumergida, por ejemplo, las trabajadoras del hogar o cuidadoras de mayores que le daba para vivir y pagar su alquiler pero cobraban en negro y, de repente, no han podido desarrollar su actividad, les han dicho no que vuelvan más. Esta situación sin ingresos les han llevado a no poder pagar el alquiler, a casi no poder comer, a tener que vivir en la calle. También ha pasado a los autónomos que tenían un negocio y que llegaban a fin de mes como podían, pero de un día para otro les han quitado su forma de vida. Hay que entender que esta gente no ha fracasado en su proyecto, han sido las autoridades las que les han dicho que no pueden trabajar y pese a que han querido volver a trabajar no han podido hacerlo, es como si les hubieran expropiado el negocio por razones sanitarias. Un ejemplo claro es la toda la gente que montaba puestos en la calle o en Rastro [precisamente hoy abre el de Santa Cruz]. Llevan más de un año sin poder trabajar, estas personas no han podido montar sus tenderetes y no han podido sacar sus recursos para vivir. También hay otras personas que han podido tener la ayuda de los ERTE, pero con toda la problemática que ha habido algunos han cobrado tarde la prestación o no la han cobrado. Por tanto, se han creado casuística muy complicadas que les han llevado a acudir a Cáritas y a otras entidades para que les ayudemos”.

-Había una cierta percepción de que la situación de precariedad residencial se vivía en mayor medida en el área metropolitana, pero en todos los municipios hay personas sin una vivienda digna.
“El sinhogarismo tiene mayor presencia en la zona metropolitana, aunque es una realidad que afecta a toda la Isla. Los municipios con más incidencia son Santa Cruz de Tenerife, con 839 personas, La Laguna, con 217; Puerto de la Cruz, con 135; Arona, con 133; y Adeje, con 100. En Santa Cruz hay más recursos abiertos para atenderles como el Albergue, nuestro Café y Calor o las Unidades Móviles de Atención en Calle (Umac), que tenemos cinco equipos en la zona metropolitana Norte y Sur. En los pueblos esta situación estaba completamente invisible, pero tanto en las Islas menores como en las zonas rurales, cuando hay una situación de exclusión el apoyo social también es mayor, es decir, hay cerca una familia, un vecino, hay una cultura más de ayuda en comunidad, mientras que en las ciudades y las áreas metropolitanas, el desconocimiento de unas personas con otras hace que no sepamos nada del vecino que tenemos al lado, y pedir ayuda es mucho más difícil o no te atreves por vergüenza. Así emerge la figura de las Parroquias como una forma donde confluye la comunidad, donde están en familia, donde confluyen personas que buscan una ayuda y personas que están dispuestas a echar una mano”.

-De la noche a la mañana han perdido lo que tenían.
“Todos los que antes podían estar llegando a final de mes con dificultades, han pasado de un día a otro a no tener ningún recurso. En el caso de las mujeres la crisis le está afectando más, porque representan el 27% de los sintecho, y en una situación precaria están más desprotegidas y son objeto de violencia. El rostro de la pobreza sigue siendo el de la mujer, y ahora lo es más quizás porque son más proactivas, las que más se mueven buscando ayuda e intentando salir de esa situación, mientras que los hombres se quedan esperando a que les ayuden. Además, hay personas con problemas de alcoholismo, a los que ayudamos, y notamos que están aumentando los problemas de salud mental que no están diagnosticados porque no han tenido a nadie que los haya acompañado a un recurso sanitario. Intentamos mediar y que tengan una asistencia sanitaria para que tengan un diagnóstico y un tratamiento. También muchas de estas personas están indocumentadas, de forma ilegal, y tienen dificultades para tramitar cualquier ayuda. Si no estás empadronado, no tienes derecho a nada, eres completamente invisible, y los Ayuntamientos están obligados a inscribirlos incluso durmiendo en un banco. También se encuentran con muchos problemas para hacer cualquier gestión por internet, cuando no tienen ni siquiera un móvil”.

-Muchos se han dado cuenta en el confinamiento de la necesidad de mejorar el piso o casa en la que estaban habitando. Su informe muestra a muchas personas sin las mínimas condiciones de salud e higiene
“Hay muchas personas que prácticamente no hacían vida en la casa, solo iban a dormir y asearse, todo lo demás se hacía en la calle, pero cuando les obligaron a quedarse en su vivienda durante muchas semanas se dieron cuenta que no tenían condiciones, y echaron de menos una ventana grande, un balcón o una terraza. El acceso a la vivienda es un derecho necesario para preservar la dignidad de las personas. Las circunstancias sobrevenidas por la pandemia nos ha mostrado una sociedad más vulnerable, y nos ha puesto el foco en muchas personas en situación de exclusión residencial viviendo en lugares insalubres e indignos”.

-La falta de vivienda y el aumento de los alquileres ha llevado a muchos residentes a no encontrar un lugar donde vivir.
“Acceder a una vivienda en Canarias es uno de los elementos que está ocasionando graves problemas para aquellas personas que no tienen unos recursos suficientes para hacer frente al pago de unos alquileres tan desorbitados. Mucha culpa es de aquellos que tienen un apartamento o piso en alquiler y que quieren sacarle el mayor rendimiento, y puede ser comprensible, pero cuando todo esto hace que se retiren del mercado las viviendas para los trabajadores y residentes, eso también nos perjudica como sociedad, por ejemplo, no permitiendo que podamos alojarnos cerca de nuestro trabajo. Es una problemática muy grande que veremos si el nuevo Plan de vivienda que plantea el Gobierno de Canarias, con la total aceptación de todas las fuerzas políticas, sindicatos y entidades sociales, se transforma en realidad. Deben dotarse presupuestariamente de los recursos que necesita y empezar a trabajar en la vivienda social, para los que vivimos aquí, a precios asequibles y normales conforme a lo que una persona cobra y los sueldos que hay en nuestra economía”.

-Cáritas Diocesana de Tenerife atendió a cerca de 16.000 personas en 2019 a través de las parroquias y en sus diferentes programas y proyectos. ¿Qué balance realiza de 2020?
“Estamos cerrando los datos del año 2020, cuya memoria presentaremos en junio, pero posiblemente estamos hablando de un incremento del 25 o 30% de atenciones, dependiendo también de que tenemos muchas actividades y hay algunas que han crecido más, como la atención en las parroquias a personas que pedían alimentos y la asistencia a personas sin hogar, sin embargo, por otra parte las atenciones y actividades en formación y empleo han disminuido, así como las actividades con mayores porque han tenido que confinarse muchos meses en sus casas y hemos tenido que cerrar los dos centros de acogida. De todas formas, el trabajo de atención en parroquias y personas sin hogar ha sido muy importante, y contando con menos recursos humanos. Hay que destacar que hemos contado con una mayor sensibilidad por parte de personas, empresas y fundaciones que han arrimado el hombro para poder atender y llegar con más prestaciones a aquellas familias y personas que lo han necesitado”.

-Entrega de comida, pago de facturas, en muchas ocasiones desde Cáritas se prefiere entregar una tarjeta prepago que formar una cola del hambre.
“Hay emergencias que son cubiertas en el momento por nuestros centros de Cáritas en las parroquias y reciben alimentos, al haber un remanente para esa primera emergencia, pero nosotros preferimos dignificar esa entrega ofreciendo tarjetas prepago bancarias, que facilitan que la persona pueda ir libremente a cualquier comercio y adquirir alimentos y producto frescos, pudiendo organizarse en función de sus gustos y de una manera racional comprar carne, pescado, productos higiénicos, etc. Es la persona o familia la que decide su compra y nosotros hacemos un seguimiento para que ese gasto sea equilibrado, con educación y acompañamiento”.

-¿La recuperación que se preveía en el Informe Foessa se ha frenado tras la pandemia?
“En el informe Foessa de 2019 estábamos a la cola de las regiones en cuanto a la recuperación que había habido de la crisis anterior. Sin COVID teníamos un 29,1% de la población en exclusión social severa, y otras entidades hablaban de un 35%, pero todas coincidimos en que era estructural. Nuestra sociedad tiene un problema muy importante de desigualdad y de exclusión, y había que tomar medidas. La situación actualmente ha salido de control y lo sabremos en el próximo informe, pero su impacto ya lo estamos viendo todos los días, en las personas sin hogar, en las colas para pedir alimentos, sin trabajo, personas en ERTE, y una economía turística casi a cero. Para acabar con los empleos precarios desde Cáritas nos parece esencial una formación y promoción en el empleo. No es solo formar hay que buscar un lugar donde puedan hacer las prácticas y lograr posteriormente un trabajo. Hemos dicho en muchas ocasiones en Cáritas que la pobreza se llega a heredar, y eso se refleja a todos los niveles, desde el punto de vista económico, cultural o educativo, por lo que es una de las áreas en las que hay intervenir. Hay que sacar a estas nuevas generaciones de este círculo vicioso porque al final se cronifica la situación, hay que darles armas para salir adelante, acompañarlos en el proceso de cambio y mostrarles vías de salida para que tengan incentivos y luchen por mejorar”.

Acción en el territorio
Juan Rognoni, natural de Toledo, aunque residente en Santa Cruz de Tenerife desde 1995, es licenciado en Derecho y desde 2000 hasta 2016, fue jefe de relaciones laborales de la Compañía Cervecera de Canarias. Desde joven se unió a los movimientos católicos, y en Tenerife como voluntario de Cáritas en la parroquia de María Auxiliadora. En mayo de 2018, el obispo Bernardo Álvarez le nombró subdirector de Cáritas acompañando y aprendiendo de Leonardo Ruiz del Castillo, hasta que le sustituyó en junio de 2019. Es una institución que cuenta con 845 voluntarios en la provincia y 110 trabajadores repartidos en Tenerife y La Palma. “Una de las cosas buenas que tiene Cáritas es que en cada Parroquia hay un punto de personas que pueden prestar ayuda y nos permiten desplegarnos por todo el territorio”. Tras agradecer a aquellas personas que han ayudado económicamente o con su tiempo y trabajo, recordó que “nos quedan tiempos muy complicados y vamos a seguir necesitando colaboraciones económicas y voluntarios que estén apoyando para darnos fuerza”.Entrevista publicada en el Diario de Avisos (Autor: Juan Jesús Gutiérrez; Foto: Sergio Méndez)