«La Iglesia ha respondido durante la pandemia, ha funcionado como un solo cuerpo cuya cabeza es Cristo»

Angelo Orotava

Angelo Nardone Barrios es, desde hace apenas dos meses, el párroco de Santiago Apóstol, en el Realejo Alto, y Nuestra Señora de los Dolores, en Palo Blanco, en el Arciprestazgo de La Orotava. Nardone es natural de Valera, en el estado de Trujillo, en Venezuela, tiene 48 años y fue ordenado sacerdote el 13 de marzo de 2004. Durante los días más difíciles del Estado de Alarma y el confinamiento fue uno de los más implicados en el acompañamiento a las personas y familias vulnerables, y desde su condición de delegado arciprestal impulsó la puesta en marcha de un recurso de emergencia para personas en situación de sin hogar en el Puerto de la Cruz.

– ¿Cómo ha sido el último año en el proyecto, especialmente desde que se decretó el Estado de Alarma en nuestro país y se produjo el confinamiento?

«Evidentemente, las cosas han cambiado desde que se decretó el Estado de Alarma hasta este momento; a mi criterio, hemos pasado por varias etapas, desde el miedo e incertidumbre, hasta procurar buscar alternativas que respondieran a esta nueva realidad; de no poder buscar alternativas, corremos el riesgo de llegar al conformismo, apelando al “esto será así y no podrá ser de otra manera”. En algunos casos, puedo notar cierta disponibilidad al salir del individualismo, procurando el apoyo a los más vulnerables, que es algo positivo, pues nos ha llevado a despertar a la sensibilidad, buscando alternativas de apoyo, pero también hay algo de toma de conciencia en cuanto a lo realmente necesario, evitando de algún modo el derroche en cosas innecesarias. A nivel del proyecto de atención a personas sin hogar que nació en el Arciprestazgo de la Orotava, en tiempo de cuarentena y confinamiento, donde se ha fusionado Cáritas –a través de la UMAC-, el Ayuntamiento y un equipo de voluntarios, contando con el apoyo y la participación de laicos y sacerdotes, puedo de decir que se han sumado fuerzas para responder a una realidad conocida pero no asumida del todo hasta aquel momento. Ante esta situación, el «descubrir» a las personas sin hogar, cada cual ha puesto algo de los suyo para dar respuesta, una respuesta que se ha extendido, que nace en los tiempos del confinamiento y que incluso nos llevó a la necesidad de crear un centro de día, pues terminado el tiempo de cuarentena seguiría existiendo la situación de gente sin hogar. Los esfuerzos siguen unidos, se han dado alternativas a algunos casos encontrados, pero se sigue notando la necesidad de la existencia de un centro de día más estable y con mayor apoyo. Seguimos contando con la solidaridad de un buen equipo, pero necesitamos la disponibilidad de más personas que arrimen el hombro».

– ¿Cuál fue la respuesta de la comunidad parroquial y del municipio?

«La respuesta no se hizo esperar, sentimos el respaldo y el apoyo de quienes, aun sin salir de casa, preguntaban cómo podían ayudar, y efectivamente fue esto lo que nos permitió salir adelante con el proyecto».

– A nivel personal, ¿qué momento fue el más difícil de todo este periodo?

«El momento más duro fue el inicio, porque el virus ya no era sólo una mala noticia que se corría o se rumoreaba, era una realidad en la que todos teníamos que ver y ninguno escapaba; parecía que todo se reducía a vivir el encierro y la soledad, y evidentemente no había estrategia pensada ni manual de instrucciones; parecía un simple cerrar puertas».

– ¿Cómo han vivido toda esta situación los/las participantes que apoyan en el Arciprestazgo?

«En el hotel (el recurso de emergencia que se montó para acoger a personas en situación de sin hogar) no fue fácil tratar de convivir con un ritmo de vida entre los participantes, que no están acostumbrados a un horario; pero finalmente se consiguió; ellos hicieron equipos e incluso ponían de su parte para que la organización del centro funcionara. Era el momento clave para poner en común sus cualidades. Al terminar la cuarentena, evidentemente, seguía estando la única alternativa que ellos conocían, “la calle”, aunque algunos se abrieron a la posibilidad de hacer un proceso de acompañamiento por la UMAC (Unidad Móvil de Atención en Calle para personas en situación de sin hogar); otros logrando estabilizar un poco su situación con nuevas alternativas, como alquilar un lugar digno para vivir; finalmente, esto se ha convertido para nosotros en una motivación para seguir acompañándoles. En cuanto a la Cáritas Parroquial, creo que los participantes se dieron cuenta que es una acción pastoral donde la comunidad de bautizados, en ese sentido comunitario, procura apoyarles para decirles que seguimos estando y buscamos la manera de acompañar hasta en los momentos más difíciles. Gracias a Dios, nuestra Cáritas se mantuvo atendiéndoles, y también es de hacer notar que hoy los participantes son más conscientes para demandar lo que realmente necesitan y de esta manera poder brindar el apoyo a otros que también están en la misma situación. Este momento fue clave para darnos el impulso y cambiar la estrategia de apoyo en la acogida, respecto a las compras que anteriormente entregábamos. Así, cambiamos el sistema, utilizando la tarjetas para que ellos puedan comprar lo que quieren consumir y lo que verdaderamente les hace falta. Con ello, la acogida y el acompañamiento se ha logrado hacer más cercano, pues ya no pueden estar todos a la misma hora en el lugar donde se atienden».

– ¿Cómo valora la acción de la Iglesia en estos momentos?

«La acción de la Iglesia no ha sido otra si no responder a un momento histórico, que nos invita a la renovación de estrategias, a salir de lo que podría convertirse en costumbre y rutina, y seguir siendo novedosa en su ardor; se ha hecho muy palpable el sentido de comunidad cristiana, donde cada uno desde su condición pone de lo que tiene para seguir funcionando como un cuerpo cuya cabeza es Cristo. Finalmente, no esperamos el aplauso ni el reconocimiento de nadie para hacer lo que por esencia nos corresponde hacer, anunciar la buena noticia y atender siempre al más necesitado, haciéndonos verdaderamente lugar de acogida para todos, pero sobre todo para quienes llevan una carga pesada que parece no dejarles avanzar».