“Sin Cáritas no habríamos podido salir adelante”

migrantes UMAC La Palma

Rachid tiene 33 años. Nacido en Marruecos y pescador de profesión, su modesto sueldo siempre había dependido de la suerte, del número de capturas que conseguía durante aquellas largas jornadas que en ocasiones duraban días enteros. Sin embargo, ni siquiera cuando las redes se llenaban de peces, el sueldo le daba para poder alimentar a su familia, ya que su jefe, como él mismo relata, se llevaba la mayor parte de los beneficios de las capturas.

Por eso, harto de ser explotado, decidió subirse a una patera y buscar en Europa un futuro mejor para él y su familia. Su sueño, compartido por miles de jóvenes de su país, estuvo a punto de quedarse en el Atlántico, en una travesía durísima que duró cuatro días, cuatro duras jornadas en las que apenas probó nada de comer ni de beber.

Cuando creía tenerlo todo perdido, Rachid y sus 25 compañeros de viaje avistaron el sur de Gran Canaria, que se presentó para ellos como un auténtico El Dorado. “Lo peor es el miedo, sobre todo por la noche; había mucha gente en una embarcación pequeña y muchos de mis compañeros ni siquiera sabían nadar; algunos enfermaron por permanecer tanto tiempo con la ropa mojada”, explica este joven marroquí, que junto a otros compatriotas está siendo atendido por el personal técnico y el voluntariado del proyecto de Unidad Móvil de Atención en Calle (UMAC) en la isla de La Palma.

Hasta la Isla Bonita llegó después de pasar unos días en un hotel del sur de Gran Canaria, donde fue atendido por Cruz Roja.Tengo parte de mi familia en la Península y otra gran parte en el sur de Italia; ellos me facilitaron el dinero para poder venir”, subraya Rachid, quien deja claro que necesita un trabajo para salir adelante, motivo por el cual le gustaría llegar a la Península.

Ayudar a la familia

En su camino, Cáritas ha resultado fundamental, como él mismo sostiene. “Nos han dado muchas cosas: comida, un lugar donde darnos una ducha y asesoramiento. Sin Cáritas no habríamos podido salir adelante. Nos han acogido desde el primer momento, y hay muy buenas personas”.

Una opinión que comparte su compatriota Ahmed, de 22 años, que dejó atrás a sus padres y sus hermanos pequeños con el único objetivo de encontrar un trabajo que le permita asentarse en nuestro país. “Tengo que ayudar a mi familia”, dice Ahmed, que en su país era vendedor de ropa ambulante.

Como el resto de personas migrantes que están siendo atendidas en estos momentos por la UMAC de La Palma, ha recibido alimentos, ropa y asesoramiento jurídico por parte de Cáritas Diocesana de Tenerife, quien incluso le ha facilitado que se pudiera realizar la prueba PCR de la Covid-19, un requisito necesario para poder viajar hasta Almería, donde le gustaría establecerse junto a unos amigos que están allí.

“Cáritas ha sido nuestra tabla de salvación, y nunca olvidaremos la ayuda que nos han prestado”, concluye Ahmed.