La pobreza se cronifica y tiene rostro de mujer

Personas Sin hogar

Mujer y de 45 a 65 años. Es el perfil de los usuarios de Cáritas Diocesana de Tenerife, según los datos de la Memoria 2018 de la institución humanitaria de la Iglesia católica. Ellas forman el grueso, sobre el 70%, de las 12.179 personas -5.180 familias y 3.000 menores- atendidas por los voluntarios de la entidad -el 80% de los 893 también mujeres- en alguno de los 17 Arciprestazgos de la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Un 60% del total tenía una edad acorde a la última etapa de la vida laboral. Desde Cáritas calculan que un 29% de la población de Canarias se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. En paralelo, 206.000 personas están en desempleo. Y 37.000 fueron atendidas en las Islas -el 45% con menores a cargo y un 22,1% en hogares monomarentales, el 4% más que en 2017-. Del total, un 34,24% viven solas y 1.418 sin hogar.

Tres características resaltan en el balance dado a conocer hace unos días. Por una parte, la cronificación estructural, porque la exclusión o el riesgo de sufrirla «se hereda de padres hijos» y se mantiene en el tiempo. No es sencillo salir de la pobreza. Además, hay algo menos de pobres, «pero más pobres».

Por otro lado, la situación ha tendido, tras la crisis, a normalizarse para una sociedad que, según Leonardo Ruiz -deja después de trece años el cargo de director de Cáritas Diocesana de Tenerife-, «ha dado marcha atrás en la solidaridad y hace más falta que nunca su ayuda». Como tercera peculiaridad sobresale «la vulneración sistemática» de los derechos de esas personas.

Cuatro han sido los grandes ejes de la actuación de Cáritas: acción social de base y proyectos o programas dirigidos a mayores, inclusión social, vivienda digna y fomento del empleo. Entre los números con rostro, como calificó Ruiz a los beneficiarios de Cáritas sobresalen los de las mujeres.

Formado y ya con trabajo

J. es el hijo único de L. No terminó la ESO y cuando llegó al proyecto en 2017 tenía los 18 años recién cumplidos y ninguna experiencia laboral. Durante un año realizó una formación en carretillas elevadoras, un curso de manipulador de alimentos y alérgenos y el de camarero-planchista con inglés. Hizo las prácticas laborales en un restaurante del barrio. Todos los miembros de la unidad familiar estaban en paro y sin ingresos. Con esfuerzo terminó su formación en un restaurante. Hoy está indefinido. A su madre también se la ayudó a buscar trabajo tras obtener el certificado de profesionalidad de Atención Sociosanitaria previo paso por Radio Ecca. Le ofrecieron un contrato de sustitución en un centro sociosanitario y la familia ha salido del bache.

Salió del alcoholismo

«Gracias a Cáritas, y en especial al Proyecto Guajara y al equipo educativo que comparte con nosotros el día a día, por la generosa labor que desempeñan». Lo apunta en su testimonio, integrado e la Memoria 2018, J.L., integrante del Proyecto Guajara para personas en situación de sin hogar. Recuerda que «con el alcohol era verdad lo que yo quería ver, no lo que realmente estaba pasando. Ahora estoy bien, duermo de un tirón, me preocupo de mi aspecto, tengo mejor la memoria, más capacidad de atención; puedo leer y escuchar, soy más responsable conmigo y con mi entorno, ya no hay conflictos por mi parte en la casa de acogida para hacer las tareas, de opinar… Porque para corregir no hace falta ofender. Estoy muy agradecida Cáritas por esta oportunidad que me ha dado de volver a ser persona».

 

                                                                                                                                        Publicado en el periódico El Día (Autor: José D. Méndez)