Un pregón a doce voces

Pregón Semana Santa1

La parroquia de La Concepción acogió anoche el pregón de la Semana Santa, invitación que dirigió la vicaría episcopal de Santa Cruz al delegado de Pastoral Social, Juan Pedro Rivero, y que quiso hacer extensiva a una docena de realidades que se atienden desde la Diócesis de Tenerife.

Más que un pregón fue un happening, que arrancó con una canción del matrimonio formado por Silvia y José María -voces de la misa de doce de la Catedral-, en la antesala a la reflexión. Para abrir boca, la lectura de cinco citas bíblicas para contextualizar el título del pregón: «Jesús murió fuera de la ciudad», para adentrarse, desde la palabra a la realidad: «Santa Cruz huele a mar y diésel», que tenía mayor relevancia por quién lo dice.

Un particular Cristo roto, desde la experiencia del Programa de Atención de Personas sin Hogar de Cáritas, con su coordinador, José Antonio Díez, clamando por «mil motivos por los que están nuestros hermanos sin hogar. Mil juicios que nos atrevemos inadecuadamente a hacer sobre su piel endurecida por el sol y por el frío».

O desde la Pastoral del Mar, su delegado Juan Esteban Pérez, hablando de «Santa Cruz, una ciudad abierta al Atlántico en un muelle de posibilidades».

Tersi Castro, de La Casita de Las Oblatas, planteó una reflexión: una mirada a «mujeres que sufren trata y son explotadas por el sexo de pago. De aquí y de afuera. No hay distinciones cuando la necesidad es usada como coartada para aprovecharnos de ella. No nos gusta verlas, pero ahí están. Son verdad. Esclavas aquí y allá».

Desde la delegación de Migraciones, Jesús Alberto González repetía una y otra vez entre las diferentes intervenciones: «Han llegado los días de la Semana Santa para Santa Cruz». En el Gólgota chicharrero. Ahí, la coordinadora de Acción Social de Cáritas, Úrsula Peñate, lanzaba otra metáfora: «Santa Cruz es un alma derramada a lo largo y ancho de sus barrios, parques y avenidas (…), una alfombra con múltiples figuras de la Anaga montañosa a la ruidosa Añaza. Descendente e inclinada».

Vicky Hernández puso voz al programa de Mayores de Cáritas: «Santa Cruz es decoro y virtudes, es locura y desenfreno en un carnaval con vértices ilimitados. Es alegría y fiesta de familias y colas indebidas de comas etílicos y violencia nocturna. Por todos los rincones existenciales que la configuran, Jesús entregó su vida». Y una pregunta colgada en el aire: «Dónde está mi familia ahora que soy mayor? ¿Dónde estoy yo?».

Sara Pérez acercó la mirada de Cáritas Arciprestal «a quienes no llegan a fin de mes y para quienes hacer la compra es una tarea infinita en un juego serio de ajedrez. Para quienes la cercanía de Cáritas parroquial es un alivio porque ayuda y escucha, acoge y señala, porque no juzga, porque ama».

También se hizo presente el programa de Empleo de Cáritas, con Verónica Suárez: «La mirada a quienes llegan de lejos y traen la angustia de una patria enferma de corrupción, de guerra o de miseria. Una travesía de mares encrespados y una acogida teñida de legalidades e ilegalidades».

Silvia González, del Centro de Orientación Familiar y responsable del programa de Maternidad en Dificultad y el Síndrome Post-Aborto, desde la «mirada a la maternidad en dificultad. Para quienes no existe sino la posibilidad pagada de una muerte sin nacer. Aborto que daña a las mujeres y ante cuyo daño guardamos unos cómplices silencios inaceptables. Están ahí, como gotas de agua que horadan la piedra con su interminable tintineo».

Y otra óptica más de una Semana Santa de 365 días, por «prescripción facultativa» de la doctora de Proyecto Drago de deshabituación del alcoholismo, Lourdes Armendáriz: «La mirada a quienes padecen cualquier adicción. Y ven cómo su libertad, posibilidad de humanidad, desaparece en el fondo de un vaso vacío que desearían fuera infinito. Y detrás del último sorbo un rosario de desgracias familiares, labores, sociales y existenciales». Miradas de Cáritas en la pasión donde nadie está, que anoche acercó la Semana Santa a Santa Cruz, capital cuya patrona, precisamente, es la Virgen de la Consolación, cartel también de los actos religiosos.

 

                                                                                                                              Publicado en el periódico El Día (Autor: Humberto Gonar)